Koldo VIII
Shamín había llegado al edificio, aparcado en un callejón cercano, y acababa de teletransportarse a su habitación cuando oyó un golpe en la puerta, bastante fuerte. El segundo rompió completamente la puerta, dejando sólo las brisagras. Shamín corrió hacia la entrada. Koldo había llegado.
Medía un metro más de lo normal, uno de sus brazos se había hecho enorme, lleno de escamas azules, dedos sustituidos por garras. Su pelo estaba completamente alborotado, casi electrificado. Parecía que no conseguía retrotransformarse en humano. Uno de sus ojos estaba completamente rojo, casi granate, mientras el otro tenía la pupila aumentada al doble de tamaño.
Tras él, Shamín vió arrastrarse a Veles. Estaba cubierto de cicatrices. Con una mirada, ambos se entendieron. "Tenía mucho más poder del que esperábamos", pensó cada uno, individualmente. Darek se había puesto serio y estaba irreconocible. Sacó su katana de detrás de su espalda justo a tiempo para defenderse de Koldo. Miró a Shamín, dolorido por el esfuerzo que hacía para resistir al brazo de Koldo, empujando la espada contra Darek sin hacer el menor esfuerzo.
-Tiene que hacerlo, señor juez.
Shamín miro sus manos con repulsión. A veces tener demasiado poder te obligaba a hacer cosas de las que no sabías qué iban a causar. Abrió todos sus dedos lo posible, casi echados hacia atrás por una fuerza invisible y fue juntando dedo con dedo, empezando por los pulgares. Cuando todos estuvieron juntos, los dirigió hacia Koldo y comenzó a hacer fuerza para cerrar su mano, luchando contra el vacío que estaba creando entre sus palmas.
Líquido negro que parecía bañar una vasija transparente iba llegando al hueco entre sus palmas, revelando la forma de la vasija.
Veles contemplaba la escena humillado. Esto no debía haber sucedido, por el bien de Koldo.
Mientras tanto, la susodicha quimera semihumana se debilitaba hasta que llevaba su brazo izquierdo, sano, a su garganta. Su cara derrochaba agonía, parecía morir ahogado.
Finalmente las escamas se desenredaron de su brazo, como mechones de una trenza, mientras entraban en el cuerpo de Koldo las susodichas tiras que antes rodeaban su diestra, controlándola. Koldo volvía a su tamaño natural mientras perdía el equilibrio y la poca consciencia que mantenía. Shamín corrió para cogerlo al vuelo, antes de que cayese.
-Sus constantes... son bajas... las credenciales están distorsionándose... no podrás hacer nada tú sólo...
Shamín miró hacia la puerta, comprendiendo su charla vespertina, con cierto rencor en la mirada. Efectivamente, Red Hat apareció por la puerta, dejando detrás del marco una serie de miradas que contemplaban la escena con intriga.
Red lucía como siempre, algo más crecida por su nuevo puesto. Un aire presuntuoso la envolvía, pero su poder de seducción lo sabía llevar. Sus guantes, con los dedos cortados, dejaban ver unos dedos suaves y dulces que movía algo nerviosa, mientras se concentraba en el hechizo avanzando por la habitación sin dejar su pose de modelo. Era presumida. Tenía razones para serlo, ya lo creo.
Llevo sus dedos a su sombrero rojo, de ala muy ancha y pico medianamente alto, típico de la magia roja. Acarició con ellos el ala del sombrero, mientras entornaba los ojos y sus labios susurraban un par de palabras que nadie pudo entender salvo ella.
Al momento Koldo escupió más líquido negro similar al que shamín había recogido durante su conjuro. Shamín lo hizo entrar en el bote, junto al resto, mientras echaba una mirada odiosa a Red.
-Y ahora, me gustaría saber qué haces aquí -dijo ella, acariciando con las yemas de su diestra la empuñadura del florete que guardaba al lado izquierdo de su cintura. Shamín no pudo evitar mirar, viendo sus piernas desnudas bajo los shorts de idéntico color rojo que ocultaba tras una capa del mismo color. No obstante, consiguió mantener su mirada.
-Eso, precisamente... es lo que me gustaría saber a mí. -después se detuvo, mirando a Koldo. No era capaz de imaginar la fuerza que podía esconder ese muchacho, si había llegado a eso pese a las medidas que Veles se había tomado para contener su poder de la manera que fuera.
